amarillas cosas, dulces cosas.
Nos vamos, y es como si el sol, se marchara en medio de la noche aferrado a las nubes y los autos. Nos vamos y otros nos extrañan y hay otros que prefieren olvidarnos, entonces cuando me emborracho de pensamientos y me duermo entre tinta china y la lámpara de luz de la mesa de trabajo, recuerdo, recorro los llavines de casa, mi baño, el pasillo que me lleva a la habitación, la cocina junto a la nevera blanca, la sala, el sofá verde la habitación de Rossy, los libros, y el tendedero de ropa cuando salgo al patio. Voy a la calle, a la cinemateca, me voy a cinemacafe, ando aquel lugar entre las 6 de la tarde y mi querido ale, voy con amigas, y me agacho para recoger caracolitos junto a celia en la playa de Salinas, para llegar al otro lado del teléfono para hablar con Esther sobre los colores de la vida y preparar la receta de un futuro idealizado.
Me recuesto en una onda del viento hasta los escritos confusos de Liranzo, y las excusas a medias de Frandy, luego entre la música y una noche de mayo, recorro el conde con Junior agarrada de la mano, entonces despierto entre el verde y las muchas cosas que se construyen día a día aquí en esta burbuja de carboncillo y diseños. Abriendo entonces los ojos, en un vaso de plástico me tomo los recuerdos como son: simples, llanos, obtusos, amorfos, estupidos y cuadrados, amarillas cosas, dulces cosas.

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